Después de esa pequeña conversación, el silencio volvió a caer sobre la cabaña. Diana se sentó en la cama, sintiendo el peso de las miradas de sus hermanos sobre ella. Sabía que la conversación no había terminado y que aún quedaba mucho por decir.
Nikolai se acercó a la ventana, mirando hacia el bosque con el ceño fruncido. Su cuerpo estaba tenso, sus músculos listos para la acción. Diana sabía que estaba luchando por controlar su ira y su preocupación.
—¿Confías en él? —preguntó finalmente, si