El amanecer se filtraba por la ventana cuando Valeria despertó con aquella ya familiar sensación. El estómago se le revolvió violentamente y apenas tuvo tiempo de correr al baño. Se inclinó sobre el retrete mientras su cuerpo expulsaba la cena de la noche anterior. Las arcadas la dejaron exhausta, con el cuerpo tembloroso y una fina capa de sudor frío cubriéndole la frente.
Cuando terminó, se sentó en el suelo frío, apoyando la espalda contra la pared. Llevó instintivamente una mano a su vientr