La luna llena se alzaba imponente sobre el territorio de la manada de Kael, bañando el bosque con su luz plateada. Valeria observaba el cielo nocturno desde la ventana de su habitación, sintiendo cómo su lobo interior se agitaba con la energía lunar. Había pasado casi un mes desde su llegada, y aunque había logrado establecer una rutina, sabía que estaba caminando sobre hielo delgado.
El golpe seco en la puerta la sobresaltó. No esperaba visitas a esa hora.
—Adelante —dijo, ajustándose la bata