El amanecer llegó con un silencio inquietante. Valeria despertó sobresaltada, con una sensación de opresión en el pecho que no podía explicar. Su instinto, afinado por años como Alfa, le advertía que algo no estaba bien. Se incorporó lentamente, acariciando su vientre abultado mientras observaba los primeros rayos de sol filtrarse por la ventana.
Afuera, la actividad en el territorio de Kael parecía normal, pero había una tensión palpable en el aire. Los lobos patrullaban con más frecuencia, la