Clara
El aire de la tarde pesaba, cargado de un silencio que parecía conspirar contra mí. Cada crujido de la madera, cada zumbido del refrigerador sonaba como un mensaje cifrado. Me moví por el departamento, revisando el celular una y otra vez, buscando algo que rompiera el vacío. Nada de Leonardo. Nada de nadie. Solo una notificación anónima que me heló la sangre: “Hoy te vas a enterar de la verdad.”
Leí las palabras hasta que dolieron, como si se grabaran en mi piel. Dejé el teléfono sobre la