Leonardo
La lluvia se colaba por las rendijas del ventanal como un susurro persistente. El sonido ocupaba los espacios que antes llenaban las risas, las miradas sostenidas, los secretos murmurados con la frente apoyada en el otro. Ahora quedaba solo ese murmullo húmedo. Y cada gota parecía arrastrar una versión de mí que falló cuando más hacía falta.
Clara sostenía los papeles como si temiera que se deshicieran entre sus dedos. Tenía los nudillos tensos, la mandíbula rígida, y un leve temblor en