15. ESO YA LO VEREMOS
Me senté junto a Kael en la azotea del edificio de mi dormitorio. Kael trajo un par de cervezas de “contrabando”, ya que en las instalaciones de la universidad no se nos permitía beber alcohol.
- A tu salud - dijo entregándome la botella, la tomé y choqué con la suya.
- Un día de estos voy a decirle un par de verdades…
- ¿A quién? ¿A Alfa Ryan? - se rió - A ver si te atreves… te arriesgas a ser una renegada toda tu vida.
- Quiere matarme… no sé qué espera. Ya vio que no doy el ancho en este grupo.
- Sí… está empecinado contigo, esa es una verdad indiscutible. Es obvio que eres su obsesión.
- Claro que no… estás loco - dije - cuando recién llegué él mismo dijo a su padre, que jamás podría estar interesado en una omega híbrida sin lobo.
- Wow… y lo dijo de ese modo.
- De cualquier forma… no estoy interesada en él - bebí mi cerveza, Kael se me quedó viendo.
- ¿Estás segura?
- Claro que sí…
- Luce a que “claro que no” - bebió.
- ¿Una Omega híbrida sin lobo, enamorada del futuro Rey Alfa Licántropo?… ¿el Rey de todos los lobos?… ¿Estás loco?
- Tendrías que estar loca… sí - dijo divertido - Ahora explícame, qué es eso del jabalí.
- Es una vieja historia… - le quité importancia
- Me gustan las historias - bebió
- Hum… - inhalé recordando - Ocurrió en mi antigua manada. En una reunión de Alfas, realmente no pensé que nadie recordara que fui yo la que mató al animal y que casi muero destripada - dije riendo - En ese momento aún no tenía loba… - comenté.
- Aún no tienes loba… - dijo divertido.
- Cierto… - mentí, esperando que no se diera cuenta de mi error - La cerveza, se me está subiendo a la cabeza… me expresé mal. Quería decir, que en ese momento no sabía que no tenía loba. Tenía diecisiete años, creía que podía lograr todo lo que me propusiera… Me arriesgué demasiado y casi pierdo la vida. Pero finalmente lo vencí. El armero de la manada, hizo para mi un par de cuchillos de lanzamiento con los colmillos del animal. Fui muy respetada en la manada después de eso, confiaban en mí para ser… - detuve mis palabras al recordar.
- Para ser… ¿Qué?
- Para ser su Luna. - Bebí otro sorbo - Era ruda, no le temía a nada… no sé qué fue lo que pasó conmigo cuando huí de allí. Algo se rompió en mí… estaba aterrada. Ese fue mi error. Debí estar allí, para ellos. Confiaron en mí… y yo los abandoné
Me mantuve un momento pensativa, recordé sus rostros. Cuantos lobos que conocí tal vez ya no existan, no me importó. Yo solo huí para salvar mi vida.
- No puedes castigarte por lo que ocurrió… - dijo mirándome y comprendiendo mi dolor - El único responsable de todo esto es el rey vampiro y esa maldita bruja que ha convertido a los lobos blancos en armas de guerra. A veces debemos hacer lo impensado para sobrevivir.
- Es verdad… - le dije, pensativa. Sus ojos me decían que él entendía… No sé de qué modo, pero Kael me entendía.
Hablar con Kael esa noche me ayudó a despejar mi cabeza. El siguiente día terminé mis estudios en la mañana, como de costumbre y, luego del almuerzo, tocaban mis entrenamientos con Ryan.
Saqué de un frasco, mi estofado de verduras. Intenté por varios días dar con la receta específica que usaba mi padre, ya estaba por llegar al sazón ideal.
- Estofado de verduras… sin carne. Eso en una manada de licántropos es un sacrilegio ¿Lo sabías? - bromeó Kael, al ver mi almuerzo.
- No me importa - dije con la boca llena - Si en una hora muero en el entrenamiento, al menos moriré feliz de que comí este manjar de dioses por última vez.
- ¿A ver? Quiero probarlo - Le extendí la cuchara y comió - … No está tan mal… pero le hace falta un filete semi cocido
Comí mi estofado con gusto, hasta que vi a Ryan acercarse.
- Me voy - dijo Kael. Besando mi mejilla - Que tengas suerte.
- Gracias… - dije - La necesitaré…
Ryan se detuvo frente a mi mesa.
- Son muy amigos, tú y el vampiro a medio hornear… - comentó Ryan con mala cara.
- Sí lo es… su nombre es Kael - dije, sin mirarlo, mi momento “verduritas” no se echaría a perder por su mala cara.
- ¿Qué es eso que estás comiendo?
- Estofado de verduras ¿Quieres probar, príncipe? No es como lo que comes en tu gran mansión.
- Desde luego que no… Eso es comida de conejos. En lo que a mi respecta, prefiero comerme al conejo.
- Pues a esta coneja, no podrás comerla… - me burlé, comiendo mi última cucharada de estofado. Delicioso… sabía a hogar. Tragué con satisfacción, casi olvidando que el malhumorado licántropo estaba frente a mi. Luego abrí los ojos y lo vi, de pie, esperándome - Lo siento, Alfa Ryan.
- ¿Que no podré? Eso ya lo veremos… - dijo con una voz que me hizo helar la sangre. Ahora sí que barrería el piso conmigo.
Mi corazón se aceleró. ¿Qué era exactamente lo que Alfa Ryan buscaba de mí? ¿Estaba preocupado por mi rendimiento en los entrenamientos o había algo más?