16. YO LOS ABANDONÉ

Alfa Ryan me llevó a uno de los gimnasios de entrenamiento techados, lo que agradecí, ya que el clima en la manada era cada vez más frío. Lo seguí, di una vuelta observando el gimnasio, estirando un poco los músculos.

- Bien… ¿Qué haremos hoy, instructor? ¿Qué tortura has preparado para hoy?

Me volví a mirarlo, estaba de espaldas a mí, y se había quitado la camisa. Me quedé un momento observando los músculos marcados de su espalda y tragué saliva… Ethan no se veía así… musculatura licántropa, supongo. 

Ryan nunca se había quitado la camisa frente a mi, usualmente quien tenía que moverse y sufrir era yo. 

- Hoy me mostrarás tus progresos, conejo - dijo volteandose. Fingí tranquilidad - Vas a luchar contra mí.

- ¿Qu… qué? - dije

- Ya me oíste.

- Has visto mis luchas con los guerreros Elite ¿De verdad crees que podré contra ti?

- Esta vez será diferente. No son varios guerreros, solo soy yo.

- ¿De qué modo es diferente? 

- Yo sé que estás ocultando algo… - Mis ojos se abrieron - Yo te recuerdo, Alexandra Taylor de la manada Blackmoon. Yo te ví con mis propios ojos.

- Imposible, nadie lo vio

- Tú mataste a ese animal. Tu mataste al jabalí con tus propias manos - Se acercó a mi - Yo vi cuando su colmillo desgarró tu piel - Se acercó amenazante y rozó su mano por mi cadera, en el lugar donde tenía aún la cicatriz del ataque del jabalí - Quiero saber dónde está Alexandra Taylor.

- Ha pasado mucho tiempo de eso - Dije. Me volteé para ir a mi lugar de inicio de combate, pero él me sujetó por la espalda. 

- Este no es un combate como los que has tenido. Yo no soy mis guerreros, y tampoco soy tu padre - Me sostuvo con fuerza. Cuando mencionó a mi padre ardí de furia. Pero Alfa Ryan me tenía sujeta con fuerza, sin que pudiese zafarme - Mis guerreros no combaten con todas sus fuerzas contra ti, si fuese así, ya habrías ido varias veces al hospital. Hoy será distinto, no me interesa enviarte en pedazos de vuelta con tu madre. 

- No hables de mis padres - le dije. Sin lograr soltarme, sentía su cuerpo aprisionando. El maldito lo estaba disfrutando. 

- ¿Ah no? ¿Por qué? ¿Ese es tu problema, reina? Has estado siempre tan protegida por tus padres, que ahora al estar sola no sabes defenderte. 

- ¡Suéltame!

- ¿Todas las lobas en blackmoon son así de lloronas o tu eres la excepción? - Hundí mis uñas en su brazo, me sentía impotente ante su fuerza, teniendo que escuchar sus palabras - Tu siempre fuiste la hija protegida del Beta… Qué podía pasarte estando junto a él ¿No? Siempre protegida. 

- Basta… - Golpeé con mi puño, pero Alfa Ryan no soltaba su agarre.

- ¡Dime cual es tu problema, Alexandra! ¡¡Dimelo!!

- ¡¡¡Yo los abandoné!!! - dije con todas mis fuerzas, liberándome de su agarre. Por un momento sus fuerzas no fueron nada para mi, como haberme soltado del abrazo de un lobezno. Luego mi loba volvió a golpear para soltarse. La contuve. Lo miré con odio - ¡¡Yo los abandoné!! Mi manada confiaba en mí… ¡¡Confiaban en su Luna!! Y yo huí… no me importó su muerte. ¡¡¡Quería vivir!!! Mi casa, mi familia, mi padre, mi pareja, mi manada, mi valor… ¡¡¡Todo lo perdí!!! por una decisión. Fui cobarde… No tienes idea de lo que es cargar con el peso de esta culpa. 

- Perdiste todo, por causa del rey Vampiro

- ¡¡Perdí todo por mi cobardía!! 

- ¡¿Y seguirás escondiéndote en tu cobardía?! - bajé la mirada, al no poder seguir sosteniéndola - El rey Vampiro… el asesino de tu padre sigue allí afuera. Asesinando lobas, lobos y lobeznos. Tomando como rehenes a los nuestros. Y tú te seguirás ocultando bajo tu máscara de Omega indefensa. 

- No puedo volver el tiempo atrás.

- Pero puedes cambiar el futuro. Puedes luchar y vencer a ese mal nacido. Despedazarlo, como lo hiciste con el jabalí y hacer un par de cuchillos de lanzamiento con sus colmillos. 

- ¿Cómo sabes eso? 

- Recibes muchos regalos sin conocer el remitente, Alexandra Taylor - se burló - Ahora, quiero ver que es lo que tienes. No me veas a mi, yo soy el rey vampiro, muéstrame qué harás conmigo. 

Se abalanzó contra mí y yo lo esquivé, se volvió hacia mí y frené un golpe que iba directo a mi rostro, con mi antebrazo. Sacó sus garras, esto iba en serio, rasgó la piel de mi hombro, grité de dolor, pero no bajé la guardia. Me agaché e hice una llave con mis piernas que lo hizo caer. Debía cuidarme de sus garras. Sujeté sus manos contra su espalda con toda la fuerza que tuve. 

- Los vampiros no tienen garras - dije. 

Se balanceó y me hizo perder el equilibrio, sostuvo con una de sus manos, mis muñecas y con la otra, mi garganta. 

- Los vampiros muerden - Dijo, sacando sus colmillos. 

Acercó sus colmillos a mi brazo y mordió con fuerza.

- ¡Ah! - grité. Eso dejaría marca… una más. Me tenía sujeta, debía pensar en algo… una distracción. Empecé a cantar - Sunshine, lollipops and… rainbows everything that's… wonderful is what I feel when… We're together… 

Me miró sin entender y soltó su agarre de mi cuello. Segundos valiosos. Rodeé su cadera con mis piernas y volví a girar, para quedar sobre él. Mi momento de distracción lo dejó helado.

Permanecimos por unos segundos mirándonos y luego nos giró, quedando él sobre mi. La mano que tenía sobre mi cuello, la llevó suavemente hacia mi brazo, rozando mi piel. Sentí a mi loba que empujaba para salir, cerré mis ojos para bloquearla con más fuerza y volví a mirar sus ojos grises. No estaba bien. Aquello que estábamos haciendo no estaba bien. Aquello que estaba sintiendo, no estaba bien. 

El corazón se me iba a salir del pecho. Cualquiera que nos hubiese visto, habría pensado que estábamos haciendo algo distinto a entrenar. Mi corazón se aceleró, cuando su mirada bajó desde mis ojos, a mis labios. 

Se acercó poco a poco, hasta quedar a escasos centímetros de mi rostro, podía sentir su respiración en mi mejilla. Cerré mis ojos, esperando el momento. 

Toc, toc, toc 

Se oyó a alguien llamando a la puerta del gimnasio. Ryan me soltó rápidamente y yo me incorporé. Ryan caminó en sentido contrario y se apoyó en uno de los muros, respirando profusamente. 

Caminé hacia la puerta para ver a quién llamaba. Abrí, era Kael.

- Kael.

Miré hacia Ryan, el se volteó con enfado

- Te estaba buscando… pensé que tal vez podríamos hacer algo tu y yo - dijo, con una sonrisa.

- No creo que sea un buen momento… - dije, pero Ryan me interrumpió. 

- El entrenamiento terminó. Tu decides, Alex. Si quieres, puedes ir con él. Me da igual. - Lo miré sin comprender. Entonces para él no importaba lo que estaba a punto de pasar entre nosotros. Olvidé por un segundo, que yo era solo la omega híbrida sin lobo. ¿Cómo podría importarle?

- De acuerdo, vamos - le dije y Kael sonrió.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP