36. NOCHE DE LUNA LLENA

RYAN

Salí del hospital, Will me acompañó hasta mi departamento en el campus. A regañadientes mi padre debió aceptar: ya no soy un niño a quién él pueda mandar. Después de todo, el Rey tampoco tuvo mucha incidencia en mi infancia que digamos, no estuvo tan presente; prácticamente todo el trabajo lo hizo mi madre. Siento que es una de las grandes razones por las que el Rey Alfa Marcus Morgan se siente impotente al intentar que yo haga lo que él quiere, sin obtener resultados favorables. 

Mi pierna aún está fracturada. Debo permanecer un par de semanas postrado. Odié el momento en que el doctor dio su veredicto ante el regalito que me dejó la trampa para osos. Justo en el peor momento. Justo cuando había conseguido un avance con Alex. 

Esperaba poder verla. Al menos, en el campus podríamos estar a pocos metros de distancia y había más posibilidades para que ella se escabullera a verme.

- Con cuidado… - dije, cuando Will me levantó de la silla de ruedas para que subiera a la cama y sentí el peso muerto de mi pierna fracturada, tensando los músculos.

- Estoy teniendo el mayor de los cuidados… - dijo, soportando mi peso en el aire. 

Logré subir a la cama y mi hermanito acomodó las almohadas para sostener mi pierna. Me sentía un verdadero inútil. El licántropo más feroz del mundo, reducido a simple paquete. 

- ¡Ryan! - Escuché una voz que me hizo engrifar los cabellos. Esperaba que fuese una pesadilla - Soy yo, mi amor… ya estoy aquí - La pesadilla entró a la habitación, inundando todo el lugar con su olor a perfume artificial.

- ¿Qué haces aquí, maldita loba loca? - grité

- Tu padre me pidió, específicamente a mi, que cuidara de mi cachorro príncipe enfermo - las palabras de Madison me revolvieron el estómago.

- ¿Necesitas algo más, hermano? - dijo Will.

- No me abandones a merced de esta loca - dije entre dientes. 

- Bah… - se burló Will - el licántropo más feroz del mundo seguro puede lidiar con esto. ¿Olvidas que esta noche es luna llena? Hay importantes cosas allá afuera que requieren mi atención.

- ¿Te preocupas más por tu pene que por tu propio hermano? - Dije molesto.

- Ey… en primer lugar, él es más cercano que tú… - bromeó - Además… ¿Qué puede hacer Madison? Dudo que tenga la fuerza para abusar de ti… - luego habló en susurro - ¿No quieres que vaya a decirle a Alex que ya estás aquí?

- Estoy aquí en compañía de una licántropa loca… - murmuré - por supuesto que no quiero que se lo digas a Alex.

-Ven, Madison… - dijo Will sacándola de la habitación y cerrando la puerta.

<<Al menos ya no vemos su rostro espantoso>> dijo Raven

<<Pero todavía puedo olerla>> dije fastidiado.

<<Cierto… échate un par de pedos para que ya no sintamos su olor>>

Noche de luna llena. Se escuchaba en el exterior la locura de los lobos en apareamiento. No solía ser parte de ello jamás, el sexo casual no era lo mío; sin mencionar que para un Alfa heredero, esparcir su semilla a diestra y siniestra era un verdadero problema. No estaba dentro de mis planes que cualquier loba llegara reclamando una corona o con algún supuesto cachorro mío. Esas noches prefería pasarlas en la tranquilidad de mi habitación.

Aquella noche habría sido como una más observando la luna llena por la ventana, de no ser por la “insana compañía” que estaba obligado a soportar.

El sueño ya me estaba venciendo, cuando una hembra desnuda irrumpió en mi habitación.

- Ryan - dijo Madison - Es noche de luna llena. ¿Por qué no olvidamos nuestros problemas y pasamos un buen tiempo juntos?

- Madison - dije desviando la mirada con asco - Vete. No importa lo que intentes… no quiero nada contigo. 

- Oh vamos… ¿Cómo puedes ser así conmigo? - dijo intentando jugar la carta de “cachorra tierna” - Estamos destinados a estar juntos - Se subió a mi cama, gateando hasta mi - Tenemos la bendición del Rey para nuestra unión… soy la loba blanca ¿Lo recuerdas?

- Eres una loba blanca impura… y si fueras la reina de las lobas blancas, tampoco querría estar contigo. Entiende que no me gustas.

- Oh, Ryan… - dijo, recostando su cuerpo sobre mi pierna sana - Eso es porque jamás me has dado la oportunidad… No tienes idea de lo que sé hacer… Si estás conmigo, no te arrepentirás. Te aseguro que volverás siempre, rogando por más.

No respondí. Observando por la ventana. Quería despertar de esa pesadilla. De repente escuché un suspiro de sorpresa, miré hacia Madison, y cerca de ella estaba Will. 

- Confirmo todas y cada una de esas palabras… - dijo Will, con una jeringa en las manos.

- ¡Cállate, maldito inútil! - dijo Madison desquiciada.

- Madison… - se burló Will, levantando la jeringa de sus manos - ¿Cómo puedes caer tan bajo… ¿Drogar al príncipe Alfa para que se acueste contigo?

<<¿Qué? ¿Drogarnos?>> Gritó Raven.

Hace solo unos segundos, Will había robado la jeringa de las manos de Madison. La maldita perra quería drogarme para volverme accesible a ella. 

- ¡Argg! ¡Eres un estúpido! ¿Por qué vienes hasta aquí? - dijo Madison furiosa

- Solo vine a dar una vuelta para ver cómo estaban las cosas por aquí… Supuse que te sentirías sola esta noche, puesto que es obvio que mi hermano no te hará caso y quería hacerte compañía. Pero obligar a un licántropo para que se acueste contigo, habiendo cien que están allá afuera esperándote… es muy patético y bajo.

Will se acercó y tomó a Madison por la cintura. Ella se revolcó y chilló de enojo, pero para una loba de rango de lucha intermedio, habría sido imposible librarse del agarre de Will, que era uno de los instructores de lucha más capaces.

Will se la llevó y cerró con llave mi habitación para que pudiese descansar. Sin embargo, aquella noche no pude pegar ojo. Y es que ¿Cómo hacerlo? Con semejante licántropa demente acechando mi cama.

Al día siguiente. Will abrió la puerta de mi habitación con una sonrisa. 

- Querido hermanito - dijo - ¿Tuviste una buena noche?

- ¿Qué es lo que crees? Después de semejante ataque - comenté molesto

- No había de qué preocuparse… - dijo riendo - Madison pataleó un poco, se quejó y luego desordenamos un poco tu salón. Luego de eso se durmió como un ángel

- No puedo creer la facultad que tienes para comer “cualquier cosa” - le dije.

- Es un don natural - alardeó divertido - ¿Te molesta que hayamos usado el sillón?

- Mientras dejes todo limpio y como estaba, no me quejaré… - comenté aliviado. Ese no era el primer encuentro de Madison y Will, lo sabía; motivo suficiente para pensar que Madison volvería al ataque - No me quedaré aquí

- ¿Cómo dices? - preguntó Will sin entender. 

- Madison volverá… debo ir a un lugar donde no esté al alcance de sus garrar recién manicuradas. 

- ¿Dónde irás?

- A la cabaña de mamá… - dije.

- No has regresado ahí desde que murió - comentó.

- Nadie sabe de ella. Solo papá y Beta Max. Razón suficiente para pasar allí mi temporada de descanso. Si no puedo estar con Alex, no le entregaré mi tiempo a otra loba. Y menos, a Madison. 

La cabaña del bosque. Allí pasé mis primeros años como lobezno. Y es que el Rey Alfa, no era “el Rey Alfa” cuando yo nací. Él era solo el Alfa de la manada Goldenmoon. Mi padre se propuso unificar el reino y conquistar a todos las manadas de lobos, para así ser más efectivo en el combate contra el Rey Vampiro. Pero esto requería de un gran sacrificio: La familia del Alfa conquistador estaba a merced de ser atacada y asesinada con tal de detener su avance y mi padre lo sabía. Esa fue la razón por la que mi madre, yo y Will de cachorro, permanecimos en una cabaña aislada de toda la manada en un punto del bosque casi imposible de detectar. El Rey Licántropo escondió a su familia hasta el momento en que logró la unificación del reino; para ese momento, yo tenía diez años.

Si quería pasar mi temporada de convalecencia en paz, ese era el único lugar al que podía ir. 

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