23.
Alba
Cristel dormía a mi lado plácidamente, aferrada a mi cintura. En cualquier otra circunstancia habría sido feliz por esto, pero ahora me sentía miserable.
¿Por qué no podía alegrarme de tenerla conmigo? ¿Qué me pasaba?
Pensar en la verdadera respuesta me aturdía el cerebro. No, yo no podía haber dejado de amar a Cris. Ella era hermosa, buena, me amaba a mí.
Me giré hacia ella y la besé. Cristel se removió y abrió los ojos.
—Lo siento si te desperté —susurré.
—No me importa, mi amo