Miré a los niños, quienes me observaban con una mezcla de tristeza y confusión. No quería que me vieran como una farsa, porque no lo soy, así que respiré profundo y continué.
—Está bien, no te preocupes —dije con una calma que ni yo misma sabía que poseía—. No voy a quedarme callada ante estas difamaciones, porque mi pasado me pertenece y no tengo nada de qué avergonzarme frente a nadie.
Miré a Vladimir directamente a los ojos, sin parpadear. Sentía cómo el corazón me latía con fuerza, pero mi