Caminé hacia la casa con Sasha pegado a mi cadera y Dimitry detrás de los dos, en silencio, con esa mejilla todavía un poco roja.Mila corrió desde la sala llorando y se lanzó a su cuello, buscando el amparo de ese hombre imponente. Yo me quedé un paso atrás, observando el reencuentro mientras limpiaba la sangre de mis manos.Lorena bajó la escalera a prisa, restregándose los ojos con sus manitas, con el cabello alborotado por el sueño. Al verme manchada de ese color rojo tan denso, la pequeña soltó un grito de puro horror y comenzó a llorar con una angustia desbordante que me partió el alma. Se acercó corriendo, temblando.—¡Mami! ¿Qué te pasó? ¡Tienes mucha sangre en la ropa, me da mucho miedo! —sollozó Lorena, tapándose la carita con sus manos.—Estoy bien, mi amor, no me pasó nada, no llores más —respondí de inmediato, tratando de calmarla—. Solo fue un pequeño accidente en la calle.Sasha y Mila se interpusieron de inmediato entre nosotras, mostrando los dientes como pequeños cac
Ler mais