El nuevo llegò con un brillo inusual, pero lo que realmente me despertó no fue el sol, sino las voces tiernas de los gemelos y de Lorena.
Entraron a mi habitación como un pequeño ejército de alegría, cargando una bandeja con el desayuno que habían preparado con tanto esmero para que yo lo disfrutara. Mis ojos, todavía pesados por el sueño y por los remanentes de una noche de inquietud, se abrieron de golpe al sentir la calidez de su entusiasmo.
—Buenos días, mami Abril —dijo Mila con esa voceci