El sol de la mañana se filtraba tímidamente por las cortinas de la habitación, iluminando la escena de la noche anterior: Artemisa y Jackson, desnudos y abrazados, dormían plácidamente. La culpa la carcomía, un veneno silencioso que se extendía por cada célula de su cuerpo. Había traicionado a Ares, había cedido a la tentación, había cruzado una línea que creía jamás traspasar.
Con cuidado, se deslizó fuera de la cama, intentando no despertar a Jackson. Se vistió con rapidez, sintiendo que la r