Es imposible disipar el terror que embarga a mi cuerpo cuando Ares suelta aquellas palabras. Mucho menos cuando su brazo debajo de mi espalda se tensa en consecuencia a algo que parece escuchar en el exterior de la casa, y que yo no logro captar en absoluto. Al notar que mi cuerpo tiembla levemente debajo de suyo, Ares deja de observar alrededor y baja su atención a mí, advirtiéndome con su mirada que me controle mientras pasa dulcemente sus dedos sobre mi espalda para tranquilizarme.
—Tenemos