Un gruñido escapa de mi boca cuando los labios de Katia -miembro integrante de mi secta- envuelven mi glande y lamen aquella parte de mi polla con fuerza, absorbiendo la leve humedad que su saliva deja en la punta mientras el coche transita por la carretera con dirección a Nueva York.
El conductor de la camioneta y su acompañante ignoran por completo lo que detrás del coche está pasando y, como muchas veces antes, se encuentran utilizando audífonos con música a tope para amortiguar los sonidos