Ares
—No te atrevas a decir su nombre de nuevo o te arrancaré la maldita lengua — advierte Ragnar entre dientes.
Ares no se inmuta en ningún momento por sus bruscos movimientos o por sus amenazantes palabras, lo cual hace enfurecer aún más al hombre sangrante frente a él
—¡La asesinaste y no puedes negarlo, Maxwell! ¡Yo vi...!
No logra terminar, porque Ares, sorpresivamente, toma su mandíbula entre sus dedos y le hace callar al presionar con fuerza de una manera que parece dolorosa.
—Saca la maldita cabeza de tu trasero y piensa con claridad por una vez en tu puta vida, niñito — demanda entre dientes Ares, visiblemente impaciente y tenso —. No hubo cuerpo, no hubo sangre, solo cenizas que no comprueban nada en absoluto.
«Por no mencionar que he visto lo que la muerte de una destinada le hace a un demonio medium de tu edad — sigue. Ragnar se queda muy quieto —. Tienes treinta años, eres joven y tus emociones se encuentran alborotadas e incrementadas al igual que lo hacen en un adolesc