La noche envolvía el laberinto de acero y cristal, donde las luces parpadeantes pintaban sombras danzantes sobre el pavimento. Artemisa, con su arco plateado tensado, avanzaba con sigilo, seguida de cerca por Jackson y Ares. El aire vibraba con una tensión palpable, una sinfonía de presagios que anunciaban la inminencia de un encuentro.
"Debemos ser cautelosos", susurró Artemisa, su voz apenas audible por encima del rugido distante del tráfico. "Los cazadores están en alerta máxima. Cada sombra