El polvo danzaba en los rayos de luz que se filtraban por las ventanas tapiadas del edificio abandonado, iluminando el rostro sereno de la anciana. Artemisa, Jackson y Ares permanecían cautelosos, rodeándola en un semicírculo, sus sentidos en alerta máxima. La tensión era palpable, un contraste marcado con la atmósfera de calma que emanaba de la mujer.
"¿Una amiga?", repitió Artemisa, su voz teñida de incredulidad. "¿Cómo podemos estar seguros de eso? Los cazadores nos persiguen, y no tenemos m