El eco de la declaración desafiante de Ares resonó en las ruinas de la abadía, desatando una tormenta de magia oscura que amenazaba con engullirlos. Las sombras danzaban y se retorcían, tomando formas grotescas de bestias infernales y guerreros espectrales, cada una imbuida con la malevolencia ancestral de los Maswell.
"¡Arrogancia divina! ¡Pagarás con la sangre de aquellos que amas!" rugió la voz, ahora un torrente de odio primordial que parecía emanar de las propias piedras de la abadía.
Ares