Maldición.
—Tampoco quiero conseguir más territorio, ya que todos los malditos Estados Unidos y México me pertenecen. Así que dime, ¿de qué mierda me sirve matar a Calliope y Charles D'Alesso, poniendo en peligro a mi propia destinada y a mis hombres? ¿Eh? Ilumíname — exige con dureza, golpeando la enorme mesa frente a él y haciendo crujir la madera debajo de sus palmas.
Todos parecen a punto de abalanzarse contra todos y el ambiente se llena aún más de tensión cuando Troian y Aitor se posicionan a nuestras espaldas para apoyar a Ares, haciéndome reaccionar por fin y levantarse para interponerme entre los estúpidos hombres que no dejan de comportarse como adolescentes idiotas.
Ya fue suficiente de su estúpida competencia de meadas.
Enojada, posiciono mi cuerpo frente al de Ares y le doy la espalda, dedicándole una mirada molesta a Ragnar, quien no duda en mover su atención a mi y observarme con sorpresa por mi repentino movimiento.
Ignorando el gruñido de advertencia que Ares suelta a