La luz vacilante de la linterna apenas alcanzaba a iluminar los rostros tensos de Artemisa y Ares. Frente a ellos, la entrada del túnel se llenaba con la silueta amenazante de las cazadoras, sus arcos apuntando con precisión letal. El sonido de sus pasos resonaba en el estrecho pasaje, amplificado por el silencio opresivo.
"¡Ríndanse, Artemisa!", gritó una de las cazadoras, su voz cargada de odio. "Han traicionado a la hermandad. Ahora pagarán por su osadía."
Artemisa apretó los dientes, su man