En el momento en que sonó el cuerno, el mundo se deslizó bajo sus pies.
No fue un sonido, fue una sentencia. Una maldición. Una crueldad violenta que retorció el aire en pánico y desesperación.
Atenea se quedó congelada en el centro de la arena, con los pies descalzos clavándose en la arena áspera mientras el caos estallaba a su alrededor.
Se había enfrentado a monstruos. Había vivido el dolor. ¿Pero esto?
Esta era su pesadilla.
No porque temiera a la muerte.
Sino porque temía lo que estaba a p