Lentamente, el viento dejó de soplar a su lado. El mundo dejó de girar para ella. El rugido de la multitud se atenuó. La sangre. Los gritos y los cuerpos destrozados. Todo se desvaneció en un caos silencioso y borroso.
Todo lo que Atenea podía oír era el eco de sus palabras una y otra vez, dando vueltas en su mente como un mantra.
"Entonces lleva mi marca, pequeña omega."
Su corazón dejó de latir por una fracción de segundo cuando lo escuchó y registró sus palabras antes de que su corazón comen