Mi Muerte II
El muchacho la levantó en brazos con un gruñido. Sentía su peso ligero, pero la rigidez del cuerpo lo alarmó. El contacto de su piel era como hielo, y aún podía sentir el leve temblor de sus músculos agotados por nadar en la pesada corriente. La ajustó contra su pecho, tratando de compartirle algo de su propio calor. Para empeorar la situación, las nubes grises parecían cubrir el cielo por completo y llegaban acompañadas de una brisa helada que calaba el cuerpo mojado. Necesitaban