CAPÍTULO 100 — EL DESPERTAR.
Alexandra despertó con un sobresalto, el cuerpo temblando, el sudor pegándole el camisón de seda a la piel. Su respiración era rápida, entrecortada, como si acabara de correr por su vida. Los recuerdos la habían golpeado en sueños, y ahora, despierta, seguían allí, claros y crueles: el fuego devorando su palacio en Zafir, la sangre de sus gemelos manchando el suelo, su cuerpo colapsando en una cama de hospital, y Eros, siempre Eros, su verdugo en ambas vidas. Primero como emperador, envenenándo