El palacio de Zafir resplandecía, sus torres negras reflejando el sol poniente como espejos de obsidiana. El gran salón, preparado para el banquete en honor a Lila y Mara, las nuevas princesas, estaba transformado. Guirnaldas de jazmín y rosas blancas colgaban de las columnas de ébano, sus pétalos perfumando el aire con un dulzor que se mezclaba con el olor a cera quemada de las antorchas y el humo de las cocinas, donde se asaban cerdos y panes.
El suelo de mosaico, pulido hasta brillar, reflej