99. LLÁMAME POR MI NOMBRE
ISABELLA
Mi boca se fundió con la suya en un beso suave, delicioso, que luego se fue encendiendo con un ardiente deseo.
Nos abrazamos como si quisiéramos fundirnos uno con el otro.
Mi lengua buscó la de Kaden, dejándolo penetrar en mi boca y tomar mis gemidos.
Estaba hambrienta de él.
Por un momento pensé que jamás podría tenerlo así, que nunca más lo vería… lo necesito.
Mis manos bajaron por su pecho desnudo, sintiendo los músculos tensos debajo de mi cuerpo, ardiendo en deseos por mi macho.
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