100. ERES PERFECTA
ISABELLA
—Mnnn… —arqueé mi espalda y dejé caer mi cabeza hacia atrás mientras alimentaba a mi hombre con mis pechos.
Kaden me chupaba con sonidos pervertidos, con mordiscos deliciosos y la lengua lobuna jugaba con mis duros pezones.
Sus manos sostenían mi nuca y mi espalda baja, controlándome, sometiéndome a sus caprichos, acariciándome por dentro del pantaloncillo y apretándome las nalgas.
—Mnnn, qué rico, bebé, estás tan duro… —jadeé meneándome sobre esa polla tiesa, sintiendo la estimulación