147. ESTA NOCHE ME LAS PAGAS TODAS
ISABELLA
—Vamos, bebé, ¡enséñame esos pasos prohibidos!
En medio del desmadre del club de motos, por fin llego al último juego de la apuesta.
Las baldosas luminosas parpadean bajo mis pies, y la voz mecánica de la máquina me anima a gritos, diciéndome que pise los pasos en el orden que se le antoje, mientras yo estoy muuucho más borracha que sobria.
Maldita sea… y había perjurado que no iba a dejar que William me metiera en otra apuesta.
—Ta-ta-ta-ram, ta-ram-ta-ta… ¡Sigue así! ¡Estás en racha!