Mundo de ficçãoIniciar sessãoAvanzamos las tres por el estrecho y poco iluminado pasillo que precedía a la enorme sala de fiestas donde tenía lugar el baile del instituto local. Con pasos lentos nos adentramos, no sin antes deleitarnos y embobarnos con todo lo que nos rodeaba; luces de colores, neblina que creaba ambiente, parejas besándose mientras reposaban contra la pared, hasta que por fin llegamos casi al centro de la pista y todos se encontraban bailando, saltando y festejando. La música no era de mis preferidas, pero es lo que se lleva ahora ¿no? Un poco de reggaetón, country y pop nacional.
Robin venía acompañada por un chico de nuestra clase con el que la verdad apenas habíamos tenido relación, pero por lo visto un día después de clases se acercó a mi amiga y le pidió que lo acompañara al baile. La pobre Robin casi no se lo podía creer y ese día hablamos las tres durante horas enganchadas a nuestros teléfonos y alegrándonos mucho por la suerte de Robin.
Mentiría si dijera que yo estaba bien así, sin pareja para el dichoso baile, pero no es así. Solo por esta noche me hubiera gustado venir con mi pareja, tal vez que me recogiera en casa y juntos viniéramos al baile, que nos vieran lucirnos en la pista de baile y bueno, quien sabe si después nos marcharíamos a alguna de las muchas fiestas particulares que de seguro habría repartidas por la ciudad.
—Vaya, vaya —esa maldita voz me suena—. Miren chicas lo que tenemos aquí.
Isabel, Olivia y un par de chicas más se pararon junto a nosotras.
—La foquita se atrevió a venir al baile. Y como no, está sola —escupió Olivia.
—Qué dices, no es una foca… Mírala va de azul en todo caso es más una ballena enorme.
Empezaron a reírse, el resto de la gente se paró y comenzaron a buscar de dónde venían las risas. ¡Tierra trágame!
—¡Cállate! ¿Es que ni siquiera por esta noche podéis dejarme en paz? —les espeté con gran furia.
—¡Nunca! Nunca dejaremos que vayas por ahí creyéndote la gran cosa, o ni tan si quiera bonita —joder, Olivia estaba dándolo todo—. Mírate ¿cómo te atreves a venir así a la fiesta?
Me señaló de arriba a abajo. ¿Qué tenía de malo mi vestido? Vale que no era de los más bonitos, pero era un vestido muy decente para ir a un baile escolar. A punto estuve de contestarle hasta que una voz se alzó por detrás de mí.
—¡Dejadla en paz! —era Ethan—. ¿Por qué demonios os tenéis que meter siempre con ella?
Me apartó del centro y se puso justo delante de mí. Suspiré, nunca antes un chico me había defendido así y menos me habían protegido con su propio cuerpo.
¿Qué digo? Uf, se me está yendo la cabeza. Tengo que intentar averiguar si me gusta o no lo antes posible.
—Ethan cariño —la melosa de Isabel se acercaba a él queriendo tocarlo—, esto son cosas de chicas. No te metas.
Ethan le dio un leve manotazo apartando la mano de Isabel de las solapas de su camisa. Ella se impactó por el gesto hostil y retrocedió unos pasos.
—Isabel, lárgate de mi presencia ahora mismo. Estoy harto de tu comportamiento, el de todas vosotras —elevó la voz dirigiéndose al resto de chicas—. ¿Acaso acosar e intimidar a los demás es algo que les cause orgullo?
Todas bajaron la mirada al suelo, excepto como no, las odiosas Olivia e Isabel. Dios, si mi único pecado ha sido toparme con el imbécil de Liam, yo ni siquiera le hice caso, pero oh si, la que pagaba era yo…
No dijeron nada más y se marcharon. Ethan se giró y por fin me miró. Detalló con el movimiento de su mirada todo mi atuendo. Sé que es una persona muy educada como para decir lo que piensa, pero en su cara vi algo de contrariedad.
—¿Estás bien? —me preguntó con genuina preocupación.
Lynn, Robin y su pareja de golpe habían desaparecido y me encontré allí en medio casi de la pista sola con Ethan y un montón de gente a nuestro alrededor bailando a lo suyo, como si no hubiera pasado nada.
—Sí. Gracias por lo de hace un momento, pero yo hubiera podido…
—No. Está claro que no hubieras podido nada, esa gente no sé cómo han podido llegar tan lejos con esto. Lo siento mucho Katherine, no sé qué demonios pasa por sus cabezas.
De golpe los ojos empezaron a picarme y estoy casi al borde de llorar. No quiero que me vea así, esta noche pensaba pasármelo muy bien y esto no entraba para nada en mis planes.
La música cambia de repente y pasamos de electrónica a lenta, un cambio muy brusco efectivamente. Miro a Ethan y veo algo de desconcierto en sus ojos. Pronto se recompone y me tiende una mano.
—¿Bailas?
Reúno el poco valor que me queda y agarro su mano. Me guía hasta colocarnos en el centro. Poco a poco la pista se va quedando con menos gente. Es bien sabido que, a los adolescentes en su mayoría, no les gusta bailar lento y en cambio a mí me recuerda a los grandes y fastuosos bailes de las novelas de época.
Suspiro mientras Ethan sujeta una de mis manos en el aire y con la otra rodea mi cintura. Me atrae un poco hacia él, estábamos demasiado separados. Miro fijo a su pecho y poco a poco voy levantando la mirada mientras empezamos nuestros pequeños pasos de baile inexpertos. Me encuentro con sus ojos, me miran cómo queriendo escrutar qué es lo que pienso.
—Gracias por lo de antes. No te agradecí —mis palabras eran sinceras.
—No tienes que darlas, lo haría una y mil veces. Perdóname tú a mí, por si antes he sido un poco brusco, es que me molesta que se metan así contigo.
No decimos más y mi respiración se ha hecho más acelerada. Me acerca un poco más contra él, nuestros torsos ya se están tocando y lo que no son los torsos también. Debo estar justo en este momento súper colorada, me está subiendo un calor que no lo puedo parar.
¿Me lo imagino yo o Ethan está bajando su mano cada vez más? Lo miro y enarco una ceja. Efectivamente aprieta aún más su abrazo y coloca su mano de mi cintura, bajando a mi cadera, para al final situarla en medio de donde comienza mi trasero.
Ya no lo puedo evitar más y suelto su mano para llevarlas a su cuello hasta rodearlo con ellas. Ahora si cabe, estábamos más pegados, más juntos imposible. Mis senos colisionaban con su duro pecho y estoy segura de que él podía notarlos tanto como yo.
Ahora no me apretaba con una sola mano, no, que va… ahora tenía las dos libres y rodeaba mi cintura, apretándome al máximo. Cualquiera que nos estuviera observando en ese justo momento, para nada pensaría que tan solo somos dos amigos bailando.
Me cuesta tomar la decisión de mirarlo, porque ello supone elevar mi mentón y seguro, estoy absolutamente segura de que nuestras bocas van a quedar muy cerca. Me armo de valor, necesito preguntarle cosas y este es el momento, no hay otro mejor.
Por fin nos miramos. Yo elevo la vista y él baja la cabeza hasta que nuestros ojos se encuentran. Me percato de que ha empezado a vagar con sus ojos por toda mi cara y se ha detenido en mis labios.
—¿Te han dicho alguna vez que tienes unos labios preciosos? —se frota sus propios labios humedeciéndolos un poco.
Joder, ese gesto, ese simple gesto me ha hecho ponerme aún más caliente. No sé qué pregunta le voy a hacer si está claro como el agua que me gusta. Me debe haber notado la cara que estoy poniendo, eso sin duda.
—Kat. ¿Te han besado alguna vez? —negué lento con la cabeza sin despegar mis ojos de los suyos.
Diosss cómo se está poniendo!!







