Su músculo más valioso

—¿Que? ¿Yo, por qué? —me levanté de golpe—. Debe-debe haber alguien mejor que yo para eso. Además, —me giro a verlo— ¿tan malo eres en álgebra?

Ethan se ha ofendido y por su mirada y gestos, creo que ahora mismo quiere matarme. M****a, por qué a mí…

—Cálmese por favor, y escuche lo que le propongo; Ethan necesita que alguien le dé clases de álgebra y usted es la indicada, es la mejor del instituto y además mantiene un perfil idóneo —qué querrá decir con eso—. Creo, que pueden salir los dos beneficiados. Si le da clases, se le dará una mención especial en su expediente académico. Ya, ya sé que a usted no le hace falta, pero piénselo al menos.

Salimos los dos juntos casi le doy un portazo a la puerta y para colmo Ethan me persigue a paso ligero por los pasillos.

—Espera —me coge del codo para que pare—. Tenemos que hablar…

Me seguía sujetando por el brazo y tal vez no se daba cuenta de que nos empezaban a mirar con curiosidad. Este sujeto y yo nunca antes habíamos cruzado palabra y de repente me sujeta por el brazo, pero en qué mundo se cree que estamos que puede tomarse esas confianzas.

—Suéltame —miro a todos lados y él parece que se da cuenta de que estamos en mitad del pasillo—. Bien, hablemos, pero no aquí.

Lo guío hasta una de las aulas que se debe haber quedado vacía después del cambio de clases. Entramos y efectivamente no hay nadie. Suelto mi mochila y por fin puedo respirar, se me debe de notar demasiado que mi respiración se ha vuelto entrecortada.

—Que exagerada eres. ¿Qué problema tienes con darme clases a mí?

—El problema es que por si no te has dado cuenta quedan menos de tres meses para que acabe el curso y me piden casi un imposible —se sienta en el borde de una mesa, extendiendo sus largas piernas y mirándome como si no entendiera nada—. Me piden que, aparte de sacar mis notas, también pierda mi tiempo contigo… bueno, quiero decir, dándote clases. Ni si quiera sé el nivel que tienes. Ahora que lo pienso, no recuerdo haberte visto por clases de álgebra.

—Eso es porque el entrenador llegó a un acuerdo con la profesora Duval por el cual yo podía no personarme en sus clases, siempre y cuando fuera aprobando su materia, pero últimamente me está costando horrores, apenas sé cómo paso del cinco en los exámenes y la profesora ya ha amenazado con suspenderme, y si suspendo… —su voz parecía perder fuelle en este punto. Suspiró derrotado—. Si suspendo, no podré graduarme y por lo tanto tampoco podré ir a la universidad.

—¿Ya sabes a cuál irás? —pregunté realmente interesada.

—No, para nada. El entrenador me ha comentado que hay dos grandes equipos universitarios interesados en mí, pero para no ponerme más nervioso no me ha querido decir más, imagino que lo sabré en pocas semanas.

Como no, Ethan iría a la universidad con una beca de deportes, pero nada es tan sencillo en esta vida. Para poder ir tenía que aprobar con todo, no solo le servía su músculo y fuerza, sino que tenía que hacerse valer esta vez por su músculo más valioso; el cerebro. Qué digo, si no sé si tiene de eso o no, pero tampoco quiero ser esa chica que le negó la oportunidad de ir a la universidad y de que un gran equipo lo fiche. Chasqueo la lengua con fastidio mientras pienso, pienso y re pienso en todo esto.

—De acuerdo —sus ojos se le iluminan—, te daré clases, pero bajo mis condiciones. No nos podemos ver en nuestras casas, ni en lugares muy públicos. Lo mejor creo, es que nos veamos una hora por las tardes en la biblioteca, puedo hablar con la encargada y pedirle un lugar privado.

—¿En serio lo harás?

Asiento aun sin creer lo que esto implica. Ethan se abalanza hacia mí y me abraza fuerte que casi me asfixio, yo soy como un tronco de leña rígido que no se mueve. Unos segundos que se me hacen eternos, me suelta por fin y me mira como si estuviera viendo la cosa más rara del mundo.

—Espera ¿no quieres que te vean conmigo? —me sujeta por los hombros y enarca una ceja como de no poder creérselo.

—Para ti puede que no signifique nada —me zafo de su agarre—, pero para mí puede significar la ruina y un gran dolor de cabeza —parece que sigue sin entender nada—. Esas chicas que te persiguen todo el día, si ven que estás cerca de mí, al final eso me traerá aún más problemas si cabe con ellas.

—¿Te refieres a Isabel?

—La misma.

—Bueno, haré lo que tu me pidas entre otras cosas porque en mi casa con mi hermano pequeño no creo que podamos estudiar mucho, pero si esas chicas son una molestia, solo tienes que decírmelo y ya no lo serán más.

Vaya, parece que se cree con el poder de hacer que todos hagan lo que él quiere, que prepotencia. Ahí está sonriendo de medio lado como un tonto. Pongo los ojos en blanco y le digo que anote bien mi teléfono y le mandaré la hora y el lugar exactos, estoy segura de que no debe ni saber por dónde anda la biblioteca pública.

Mis sospechas se confirman cuando le mando un mensaje por la tarde ya en casa y el muy necio me pregunta qué dónde queda la biblioteca. Ruedo otra vez los ojos por quinta vez el día de hoy. Paciencia, sé que la voy a necesitar.

Esa tarde quedo con las chicas en clase de natación y les resumo un poco lo que ha pasado el día de hoy, más que nada porque todo el instituto se enteró de que me habían llamado por megafonía. Lynn estaba expectante y cuando les conté para lo que me llamaron no se lo podían creer.

—Dirías que no, ¿verdad? —Robin me miró como sin poder creérselo aún.

—Al principio dije que no, pero después Ethan me convenció. Se juega su futuro si no aprueba —sus amigan callaban, sabe que la estaban juzgando como la mayor pedazo de idiota del reino—. Chicas, venga, no puedo cargar con esa culpa sobre mis espaldas.

Zanjé el asunto sumergiéndome aún más en el agua y haciendo unos largos en la piscina, nada me relajaba tanto que llegaba a casa y me quedaba dormida profundamente. Era maravilloso.

Por la tarde no me quedó más remedio que ir con Ethan a la biblioteca, por lo menos no me hizo esperar y estuvo allí puntual como debe ser. Una vez dentro me percaté de que efectivamente iba muy por detrás, ya no solo de mí, sino que creo que casi de todos los compañeros de clase. Le estuve dando un repaso de lo más básico y logré que entendiera ecuaciones lineales y polinomios. Podía dar el día por satisfecha, no había sido nada fácil, pero estoy segura de que él terminó con dolor de cabeza.

—Gracias, ha sido intenso, muy intenso —se tocaba la cabeza al salir de la biblioteca—. Estoy que solo tengo ganas de acostarme, pero me esperan los chicos para ir a tomar algo.

—Recuerda que te puse un par de tareas para que practiques lo que estudiamos hoy.

—Sí, sí, no te preocupes que me quedó todo muy claro —me guiña un ojo y sale corriendo, seguramente habrá quedado en el local de moda de la gente del insti.

Me dispongo a ir a mi casa, pero sorpresivamente me percato de que las pocas personas que hay en la calle me están mirando. No, no, seguro se dieron cuenta de que estaba con él, con Ethan y perplejos se han quedado.

Uf, es solo cuestión de días que seamos la comidilla de todos en el instituto.

¿Tendrá razón Kat y serán la comidilla del insti?

Espero les esté gustando la lectura...

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