Mundo ficciónIniciar sesiónApenas era medio día y Katherine llevaba la cabeza loca pensando en todas las materias que tenía que repasar para ponerse al día con ellas de cara a los exámenes finales. Nunca se había permitido fallar en sus estudios, ni un solo suspenso trajo a casa en todos estos años, en lo que se refería a disciplina, ella era la reina, y seamos sinceros eso la llenaba de orgullo, ser la hija que todo padre siempre hubiera soñado.
Katherine había sobrevivido al día de hoy a las clases de álgebra, ciencias e historia. Con sus dos mejores amigas solo compartía la asignatura de historia, sus amigas Lynn y Robin para nada apreciaban las matemáticas, más bien la odiaban. No pudo evitar una sonrisita mientras pensaba en todo esto y cargaba su bandeja de comida hasta llegar donde se encontraban sus amigas. De repente escuchó una voz un tanto familiar que destilaba odio a su paso.
—Miren quién viene por ahí. Si no es nada más y nada menos que nuestra vaca favorita…
—¿Adónde vas con ese modelito? No te das cuenta de que aún te hace parecer más gorda de lo que eres ¿eh?
Se trataba de Isabel Guerrero, una de las diosas del instituto que día tras día desde hace un par de meses la andaban torturando tan solo por algo de lo que katherine no tuvo la culpa. Esas odiosas chicas la habían tomado con ella, pero Katherine siempre había pasado desapercibida hasta ese maldito día, el día en que por culpa de las acciones de Liam Dorought, su vida cambió para peor en el instituto.
Él se acercó a Katherine justo en un descanso, cuando ella estaba en el pasillo frente a su taquilla, tratando de ordenar sus libros para toda la semana, la verdad que su taquilla era una leonera en aquel momento, no tenía mucho control de ello y decidió tomarse unos minutos para ponerla en orden. De repente, casi sin darse cuenta, empezó a oler algo, un olor intenso a pachuli, como aquellas colonias de hombre que echaban un olor que tiraba para atrás y se les olía de lejos. No tardó nada en darse cuenta de que el olor tan intenso era de él, de Liam, allí parado justo al lado de su taquilla, apoyando su brazo en la hoja de la puerta, esa pose era casi chulesca.
Katherine nunca había cruzado palabra con él, qué demonios hacía allí regalándole aquella sonrisita que la tenía totalmente desconcertada. Menos mal que habló él primero, porque Kat estaba a punto de cerrar de un portazo su taquilla y salir corriendo, esta situación le daba mala espina, le auguraba que no tendría buen resultado para ella.
—Hola... ¿Kat? Me gustaría hablar un momento contigo —ella cerró la taquilla y se abrazó a su carpeta.
—Hola —miró hacia el suelo, era la primera vez que un chico como él le hablaba—. ¿De qué quieres hablar conmigo?
—Bueno, te he estado observando mucho últimamente, sabes. Me he fijado que has cambiado mucho —deslizó la mirada hacia los senos de Katherine y siguió bajando por sus caderas.
Katherine no se lo podía creer. Había llamado la atención de aquel chico, o tal vez le estaba mintiendo para reírse de ella. Por lo que ella tenía entendido, Liam tenía novia y no una cualquiera, sino Olivia Parrish, una de las figuras más destacadas del instituto, animadora y barbie oficial.
—No te asustes —con un dedo le levantó el mentón a Kat, para que lo mirara directamente—. Qué te parece si me aceptas una cita… no sé, tal vez al cine.
—No gracias —Kat fue tajante con su respuesta, porque ahora se acordaba de golpe de que ese chico tenía novia.
—¿Por qué no? ¿Acaso no te gusto?
—No, no es eso. Tú tienes novia.
—Ah, es eso. No es tan así sabes, Olivia y yo lo pasamos bien, pero nada más. No significa nada para mí.
—Sea como sea, yo no salgo con chicos que tienen novia.
—¿Me estás rechazando? Deberías estar agradecida que me he fijado en ti. Muchas quisieran estar en tu lugar.
Kat tragó saliva porque ahora de golpe Liam se había transformado, solo le hicieron falta un par de negativas para transformarse de un chico aparentemente dulce y encantador, en aquel ogro que le estaba recriminando que ella era poca cosa y que tenía que agradecer que él se había fijado en ella. Sí, definitivamente había hecho bien en decirle que no, no quería salir con un gilipollas.
—Yo no me creo nada Liam, es muy sencillo, yo-no-salgo-con-chicos-con-novia —Katherine hizo hincapié en cada palabra para ver si así la entendía mejor, que no era culpa de ella, sino de él, que es él quien tiene novia y no ella.
Aquello terminó de la peor manera posible, Liam se marchó enfadado soltando pestes por la boca de ella, todo el mundo lo miraba por los pasillos mientras se alejaba y se volteaba a mirarla a ella, pero ella estaba estupefacta, no se podía mover del sitio y no entendía cómo alguien podía ser tan voluble y cambiar así como así de personalidad.
Desde entonces no sabe cómo ni por qué, aquel grupo de chicas encabezado por Isabel y Olivia había hecho un reto personal el hacerle a ella la vida imposible, el único motivo que encontraba era que el asunto de lo que pasó con Liam hubiera llegado a oídos de su novia, pero ella no hizo nada malo, al revés lo rechazó sin contemplaciones. Negaba con la cabeza mientras pasaba al lado de ellas intentando no echar más leña al fuego.
—Huye vaquita, pero ya nos veremos por ahí y se te van a quitar las ganas de ir por ahí intentando robarles los novios a otras.
Como un resorte Katherine se giró y las enfrentó.
—¡Yo no he hecho nada de eso!
—Crees que soy estúpida —Olivia se levantó para enfrentarla—, que no me enteré de lo que pasó entre mi novio y tú. Ya sé todo, cómo lo sedujiste con esas ubres que traes, sin duda es todo grasa.
Sus palabras escupían odio y rencor, cómo decirle a esa chica que no tenía nada que ver, seguro no la creería, ella prefería creer que su novio era inocente y echaba toda la culpa a Katherine.
En aquel preciso momento aparecieron las amigas de Katherine y entre gritos, insultos y a punto de llegar a las manos se la llevaron. No era ese el momento ni el lugar de una pelea, siendo sinceros ella no podía permitirse nada que enturbiara su expediente académico. No tenía problemas de dinero a la hora de elegir una universidad, pero sin duda una pelea enturbiaría dicho expediente y no, no se lo iba a permitir y menos con esas chicas. Por lo menos ahora sabía a ciencia cierta cuál era el motivo de su odio hacia ella, un chico, como no…
—Gracias chicas, sino llega a ser por vosotras seguro termina todo fatal para mí.
—Oh, es nuestro deber como amigas Kathy. Esas chicas son odiosas, no han parado de meterse contigo y se merecen todo lo que les pase —exclamó Robin, que sin duda era la más peleona.
—Chicas, tenemos que intentar pasar desapercibidas, recordar que nos quedan apenas tres meses para terminar el instituto y no podemos manchar nuestros expedientes con una pelea de gatas callejeras.
Todas asintieron, Kathy llevaba razón, siempre la llevaba, era la más lógica de las tres. Robin se dejaba llevar por la ira, aunque era una chica tierna que, si no te metías con ella, jamás te haría o diría nada malo. Lynn en cambio siempre estaba como apoyo en todo, tanto si era para una pelea como para levantarte la moral, era muy diplomática y esos dos polos opuestos de sus amigas, a ella le encantaban.
Por fin terminó el día en el instituto y su padre la recogió en su coche para ir hasta la tumba de su madre. Su padre había comprado por el camino un ramo de flores en tonos amarillos y blancos que tanto le gustaban a su madre. También unos palos de incienso con olor a rosas que le gustaba a su madre. Era muy simple, adecentaban su tumba, le ponían las flores, unos inciensos y le decían unas palabras intentando recordar viejos momentos vividos con ella.
Katherine se rompía siempre con las palabras y terminaba sollozando en el pecho de su padre, abrazada a su amparo. Esta vez todo fue como siempre, hablaron un poco con el encargado del cementerio y su padre le dio una pequeña propina por encargarse tan bien de adecentar la tumba de su esposa. Katherine mientras tanto ya había comenzado a limpiarla y puso una pequeña figurita de porcelana que las compañeras de trabajo de su madre le habían pedido que por favor la colocara en su tumba. Las pobres la recordaban todos los años, nunca se había sentido sola gracias a ellas, siempre la llamaban en estas fechas tan delicadas para ella.
‟Feliz cumpleaños allá donde estés, amor mío. Hoy no puedo encender velas ni cantarte, pero el mundo se siente un poco más brillante porque un día como hoy llegaste a él.
Sigo encontrando pedazos de ti en las canciones, en el olor del café por la mañana y en nuestra amada hija. No cuento los años que cumples, sino los momentos que me diste, y esos son eternos. Te extraño, hoy un poco más que ayer, pero te celebro siempre".
Katherine no lo pudo aguantar más y rompió en llanto mientras su padre la abrazaba. Solo pensaba que no era justo, que no podía ser justo que su madre muriera tan joven, que esa mujer que lo era todo para ella nunca más volvería a verla. Siempre lo pasaba mal en sus cumpleaños porque se hacía presente de golpe, todo lo que tenía vivido y reprimido durante todo el año y es la simple certeza verdadera, de que ya nunca más la volvería a ver.
Debo admitir que me emocioné un poquito escribiendo este capítulo. Bueno chicas, seguimos actualizando esta semana.
Besiss :D







