Mundo ficciónIniciar sesiónAnimamos como tres locas poseídas al equipo de nuestro instituto. Ethan nos ha invitado expresamente y nos ha conseguido unos asientos muy cerca de donde se encuentra el banquillo del equipo, la verdad es que nos sentimos privilegiadas.
Nunca nos gustaron a ninguna de las tres mucho los deportes y siendo sincera jamás pensé en estar aquí animando a mi equipo en la gran final, pero pienso que después de las semanas que hemos pasado juntos Ethan y yo, al menos le debo eso por la amistad que ha surgido entre nosotros. En contra de todo pronóstico, ha resultado ser una gran persona. Sí, sí, es un poco engreído y piensa que lo tiene todo bajo control y bien planificado, pero siempre se ha mostrado respetuoso conmigo y me ha tratado como cualquier otra persona, sin ver mis evidentes kilos demás.
El día que me presentó delante de todos sus amigos quise matarlo, me estaba reconcomiendo por dentro por lo que había hecho, pero poco a poco me fui soltando más delante de ellos. Liam seguía a lo suyo, desnudándome con los ojos y su ‟novia” igual, queriendo matarme con sus miradas asesinas. ¿Qué culpa tenía yo? —suspiro porque nada puedo hacer ante la necedad humana.
Sea como sea, aquí estamos como tres locas gritando consignas en favor del equipo y como no, de nuestro quarterback estrella favorito, Ethan Brooks.
—¿Oye, no estáis nerviosas por esta noche? —pregunta Robin.
—Un poco, es la primera vez que voy a un baile y espero que sea la última —las tres nos carcajeamos.
—Esta noche los vamos a deslumbrar a todos. ¡Vamos divinas!
Y no se equivocaba Lynn, habíamos pasado al menos dos tardes pateando todas las tiendas del pueblo, en busca del vestido perfecto para el baile. Ellas lo tenían más sencillo que yo, a la primera encontraron vestido, pero yo tuve que dedicarle mucho más tiempo. Todo lo que me venía bien de talla, era horripilante, antiguo y fuera ya de moda. Me hacían parecer una señora mayor.
Todo en lo que estaba pensando fue radicalmente anulado cuando el pequeño estadio local estalló en rugidos con lo que parecía ser una de las últimas jugadas del partido. El equipo local iba empatado con el visitante y la tensión e palpaba en el ambiente, apenas quedaban segundos para que terminara el partido.
El centro le entregó el balón directamente a las manos. Ethan retrocedió tres pasos, buscando a sus receptores, pero la línea defensiva enemiga colapsó como un edificio en demolición. Un linebacker de cien kilos cargaba hacia él con la intención de estamparlo contra el suelo.
En lugar de lanzar, Ethan hizo algo que nadie esperaba: le entregó el balón al corredor que pasaba a su lado y corrió hacia la banda derecha como si fuera un simple señuelo. La defensa mordió el anzuelo. Todos persiguieron al corredor, que de repente se detuvo en seco antes de cruzar la línea de golpeo.
El corredor giró y lanzó un pase lateral, alto y preciso, de vuelta hacia el quarterback.
Ethan saltó en la esquina de la zona de anotación, con los brazos extendidos. El balón impactó en sus guantes con un golpe seco. Sus pies aterrizaron justo dentro de la línea blanca antes de que el impulso lo lanzara contra los fotógrafos.
El árbitro levantó ambos brazos.
¡Touchdown!
Sentenció el partido a favor del equipo de Ethan.
El estadio estalló en gritos, vítores y todos nos habíamos vuelto locos de la emoción, yo la primera. Esto significaba poco para mí, pero mucho para Ethan que soñaba y ansiaba ganar el último partido y despedirse de todos por la puerta grande. En medio del campo, mientras el resto de sus compañeros lo abrazaban y mantearon hasta llevarlo al cielo, Ethan hizo algo que me descolocó.
Se zafó de sus compañeros de equipo y se dirigió hacia la banda donde nos encontrábamos nosotras medio pasmadas porque todas las miradas se aproximaban al mismo tiempo que Ethan corría en nuestra dirección. Se saltó la valla de protección, se quitó el casco y en menos de dos segundos como un rayo lo tuve delante de mí con los brazos extendidos. Me dio un tremendo abrazo que hizo enloquecer al público.
Me elevó en el aire con su abrazo de oso que me estaba recolocando hasta la última de mis vértebras. Me bajó hasta estar a la altura de sus ojos.
—Gracias. No lo habría conseguido sin ti. —Me dio un beso en la mejilla y me volvió a rodear con sus brazos.
Me devolvió al suelo y se largó conforme vino. Mis amigas y yo nos miramos lentamente a la cara, el pasmo nos invadía a las tres que nos quedamos sin habla durante varios segundos.
—¿Ha pasado lo que acaba de pasar o solo lo he soñado yo? —Robin rompió el silencio.
—Eh, Kathy —carraspeó un poco—. ¿Tú y ese espécimen maravilloso tenéis algún lío?
Yo es que la habría matado allí mismo, pero aún estaba en estado de Shock, menos mal que era el último día de clases y de curso y de todo, porque yo es que lo mato, iba a ser un verdadero problema con el séquito de chicas que lo seguía a todas partes.
—Lynn ¿Cómo crees? No, no tenemos nada. Como ya dije, solo le ayudé con sus estudios, imagino que tan solo ha querido agradecerme lo poco que le he ayudado.
—Estás colorada —recalca Robin—. Es posible que sea como dices, pero… ¿te gusta Ethan? Se sincera Kathy.
Las dejé allí en el estadio y me fui para casa más ofendida que otra cosa. ¿Qué se habrán creído que yo me enamoro, así como así del primero que me abraza?
No, no y no. Ethan era guapo, sí jodidamente guapo, pero nunca ha pasado nada entre él y yo. Sencillamente jugamos en ligas distintas. No, no, hoy iré a ese baile y probablemente no volveré a verlo nunca más. Bueno, tal vez ya de adultos con nuestras vidas resueltas. Me gustaría al menos conservar su amistad después del curso, pero debo ser realista. Cada uno tomará un rumbo distinto. La modosita Katherine irá a una universidad a estudiar finanzas y él a alguna famosa universidad seguramente de la zona Oeste del país y poco a poco nos olvidaremos mutuamente.
Me terminé de poner mi vestido azul marino que había escogido para el baile. Me costó horrores encontrar algo que me entrara en este cuerpo y lo peor, que me ocultara este enorme pecho —suspiré fuerte—. No era el vestido más bonito del mundo, pero mirándome frente al espejo, por lo menos era diferente a la ropa holgada y cómoda que solía llevar casi siempre.
Me llegaba hasta las rodillas y dejaba mis rollizas y morenas pantorrillas al descubierto. Las mangas a medio brazo, me causaba inseguridad mostrar mis contundentes brazos al descubierto. El vestido apenas llevaba escote y me había asegurado ponerme un buen sujetador reductor. Me miraba y re miraba en el espejo, poco más podía hacer.
Me maquillé un poco y recogí mi pelo en un bonito moño con pequeños mechones rizados que caían discretos alrededor de mis mejillas. De repente un súbito calor se expandió desde la boca de mi estómago y me subía hasta el pecho, había comenzado a pensar en Ethan y en su abrazo horas antes.
No es como si nunca nadie me hubiera abrazado, pero he de confesar que si ha sido el abrazo más caliente que me han dado nunca. No, no, ¿en qué estoy pensando?
Se sentía tan bien estar entre sus brazos, y qué no decir cuando me elevó y mis pechos pararon casi a la altura de su cara. Oh dios, Robin tenía razón me estoy poniendo colorada, ahora lo veo en mi reflejo y encima este calor que me invade desde mi… No, no puede ser verdad lo que me temo que estoy presintiendo. Soy la cosa más tonta del mundo.
¿Me gusta Ethan? Esa pregunta se repetía en mi cabecita mientras mi padre me llevaba de camino al baile y no paraba de hablar y hablar y yo no podía escuchar nada, ni pensar en nada más que no fuera Ethan, en sus brazos, en la mezcla de perfume y olor corporal que me tenía acalorada gran parte del día.
¿Será verdad que me gusta?
—Nena, cielo ¿estás bien? Has venido todo el camino muy callada.
Por fin habíamos llegado hasta el salón que había reservado el instituto para el baile, pero mi padre tenía razón, estaba mortalmente silenciosa. Si el pobre supiera en qué estaba pensando en ese momento…
—No papá, es que estaba pensando en comentarte que a lo mejor puede que llegue un poco tarde a casa —mentí como una bellaca.
—Bueno, no me importa que te diviertas con tus amigas. Hija, solo llámame para que venga a por ti, no se te ocurra ir sola por ahí o irte en el coche de nadie. ¿Entendido?
Asentí y salí del coche. Lynn y Robin me estaban esperando ya en la puerta, me lo habían avisado por un mensaje al teléfono.
Ahora ya solo me quedaba despejar de mi mente una duda. En mi pensamiento él lo había invadido todo. Definitivamente tengo que hablar con él y saber si realmente me gusta o no.







