El primer desengaño

—Kat. ¿Te han besado alguna vez? —negué lento con la cabeza sin despegar mis ojos de los suyos.

En este punto nuestras bocas están a tan solo unos pocos milímetros de rozarse. Puedo sentir el calor que emana de ella, sus largas respiraciones intentando contenerse. Yo lo deseo, eso lo tengo muy claro.

Los labios calientes de Ethan rozan los míos, casi como si una suave pluma se hubiera posado en ellos, pero no los quita. Continúa con pequeños besos y roza con la punta de su lengua mi montículo de venus. Luego se lleva la lengua a su boca y la saborea. Esto es lo más jodidamente sexy que me ha pasado en la vida y nuestras respiraciones cada vez son más apremiantes. Empiezo a querer ir más de prisa y comienzo a intentar ladear mi cabeza para besarlo como dios manda, cuando para la música y nos obligamos a mirarnos a los ojos. Me muerdo el interior de mi labio inferior, en serio, en serio… yo quería mi beso.

Ethan se separa de mí como si hubiera tocado brasas y le quemaran en las manos como un infierno en llamas y sin mediar más palabras sale corriendo mientras me mira con cara de espanto, como si hubiera hecho algo muy malo. Tanto, tanto le repugno que tiene que salir así corriendo como el que comete un delito.

Me quedo en mitad de la pista casi aun sin poder creerme lo que acababa de pasar. Un chico se me acerca y creo que me pide bailar. Digo creo porque apenas puedo escuchar nada, me encuentro sumida en el estupor. ¿Qué acababa de pasar? Ethan Brooks y yo hemos estado apunto de besarnos. Y eso, eso hubiera sido épico. Ya no tengo duda alguna de que me gusta, me gusta muchísimo. Mueve y sacude todo dentro de mí, el calor que me sube y se apodera de mi centro ya lo dice todo.

Yo no soy de las personas más expertas en esto, pero creo que no me equivoco al afirmar que sí, que me gusta y mucho. Su reacción me tiene confundida. Ha salido huyendo, me ha soltado como el que toca caca y ha salido corriendo. Me desinflo y me vengo abajo yo misma al momento, soy un cúmulo de sentimientos contradictorios. En un segundo era la mujer más afortunada de la tierra y en el siguiente la más imbécil del universo.

Pues no señor, no me pienso rendir y empiezo a mirar a mi alrededor para ver adónde demonios se ha ido Ethan y poder enfrentarlo y que me explique qué acababa de pasar. El chico que me había pedido bailar está ahí parado aún. Esto sí que no me lo esperaba, fíjate se trata de Liam. Ha tenido el descaro de pedirme bailar delante de todo el instituto y posiblemente de su novia. Esto solo pueden ser más problemas para mí y no estoy dispuesta.

Le doy un manotazo en la mano que me tenía tendida para bailar y salgo por donde creo que ha salido Ethan hace un momento. Por el trayecto me tropiezo con el grupo de amigos que suele ir con Ethan pero nada, no está con ellos. Le pregunto a Curtis que se ha mostrado interesado por saber qué me pasa, pero solo alcanza a decirme que ha visto a Ethan hace un momento cerca de los baños que hay por donde la salida opuesta a la entrada del local.

Me dirijo allí, pero en los baños no hay nadie, hasta incluso entré dentro del de los chicos por si acaso, pero no, no estaba allí. Lo comienzo a buscar por donde la mesa con los aperitivos, la de las bebidas, pero nada, como si se lo hubiera tragado la tierra.

—¿Buscas a tu querido Ethan? —era la voz de Olivia. Me giro y la veo taladrándome con la mirada—. Yo lo he visto hace un momento por la zona que hay detrás del escenario.

¿Puedo confiar en ella y que no me espere una trampa cuando llegue allí?

No, supongo que no puedo confiar, pero debo al menos averiguarlo. No le respondo y salgo corriendo hacia donde me ha indicado Olivia. El sonido de los altavoces y de la música apenas es ya perceptible justo ahí detrás.

Lo busco y aparto cortinas, aquello está lleno de material de las obras de teatro que hemos ido interpretando a lo largo del año. Cuando ya estaba planeando retirarme y que aquello seguro era una broma de Olivia, escucho un leve gemido.

Ojalá, ojalá nunca hubiera ido allí y visto lo que mis ojos tuvieron que presenciar en ese momento. Los gemidos eran de Isabel. Ethan la tenía aprisionada contra una mesa de escritorio y ella rodeaba su cintura con sus piernas. Lo peor no es eso… la estaba besando. La besaba como un puñetero loco que no había besado en años, como un sediento en el desierto cuando por fin encuentra agua para calmar su sed.

—Ethan, Ethan cálmate —gritó la rubia mientras él bajaba besando su cuello y se tiró a besar todo su escote—. Podemos hacer esto más calmados.

La silenció con otro tremendo beso, mientras sus manos tomaban posesión de sus caderas y las apretaba contra su sexo.

—Cállate y bésame. Esta noche lo vamos a pasar bien.

Isabel se ríe y comienza a seguirlo en su baile frenético con sus bocas. Ya no quería seguir presenciando semejante aberración. Es por eso que se había ido con esa cara de horror. ¿Cómo iba a pensar que él se fijaría en mí? Que quisiera tan solo besarme, teniendo a alguien como Isabel; guapa, hermosa, experimentada y bien dispuesta.

Con el alma por el suelo y con un profundo desengaño instaurado en el centro de mi pecho, me di la media vuelta dispuesta a irme de aquel lugar, pero no, mi mala suerte no podía dejar ahí las cosas quietas. Se separaron por un momento y ella lo miró con burla.

—Pensé que me habías cambiado por ella.

—¿Por quién? —siguió besándola por todo el cuello.

—Por quien va a ser, por la ballena que te has empeñado en defender tanto.

Una risotada llenó el estrecho lugar. Ethan se reía a pulmón abierto. La burla era evidente en su rostro y en este punto, en ese miserable momento, yo no pude aguantar más y rompí a llorar. Gruesas lágrimas saladas caían por mis mejillas ardiendo y se concentraban en las comisuras de mis labios.

—¿En serio te lo creíste? No, yo aún no he perdido así el sentido del gusto cariño. —La obligó a mirarlo y le devoró los labios—. Nunca, jamás cambiaría a alguien como tú, por ella. Lo que necesitaba de ella ya lo obtuve y que me aspen si se pensaba que pasaría algo más entre ella y yo.

Desprecio, eso es lo que escupió por su boca, desprecio absoluto. No quise quedarme ni un segundo más allí, no sé cuánto tiempo podría ocultar mis sollozos. Salí de aquel lugar sin que nadie se percatara de mi presencia. Doy gracias al cielo de que cerca había una pequeña puerta de salida de emergencias que justo daba al callejón trasero.

Una vez fuera y con algo de aire más frío y fresco pude dejarme caer al suelo con mi espalda apoyada en la áspera pared. Estaba derrotaba, se había reído de mi. Ethan Brooks, el que durante casi tres meses había ayudado a estudiar y se había portado siempre bien conmigo, solo estaba actuando para su propio beneficio todo este tiempo.

Como una loca empecé a reírme y estoy segura de que se me debe haber corrido el lápiz de ojos por toda la cara. No puedo, no puedo ni quiero volver así a mi casa y que me vea mi padre en este estado. De sobra está decir que tampoco quiero verlo a él en lo que me reste de vida. Quiero estar sola y llorar, es lo único que tengo claro esta noche.

Mi casa para un poco apartada a tan solo unos veinte minutos andando. No llevo el mejor calzado del mundo para andar, pero me sacrificaré. Quiero llegar cuanto antes y meterme en la cama a llorar.

Como había supuesto mi padre ve la televisión, puedo verlo a través de los enormes ventanales que dan al jardín delantero. Decido entrar por la puerta de atrás, hay un pequeño baño y siempre tengo unas toallitas desmaquillantes en el por si acaso. Me deslizo por detrás y como yo pensé, allí estaban.

Me desmaquillé lo más rápido que pude, no quería que mi padre me pillara y tener que darle explicaciones. De repente la luz de la cocina se encendió.

—¡Qué demonios! ¿Eres tú Kathy? —me giro y sé por su cara de espanto que lo de las toallitas no ha funcionado—. ¿Qué ha pasado?

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