La oficina de Tyler en la mansión olía a una mezcla tóxica de whisky caro, humo de habano y una desesperación contenida que amenazaba con hacer estallar los cristales. Noah y Dominic estaban sentados frente a él, guardando un silencio sepulcral mientras observaban a su amigo servirse la cuarta copa de la noche. Tyler no era un hombre que perdiera los estribos con el alcohol, pero hoy sus manos temblaban ligeramente.
—Es una estafadora —repitió Tyler por décima vez, su voz era un gruñido ronco q