Justo en ese momento, la puerta que Isabella había dejado abierta permitió que otra figura entrara en escena. Era Amber.
Había vuelto. A pesar de la humillación, a pesar de los gritos, Amber no podía irse sin intentar explicarle una vez más que el bebé que llevaba dentro era suyo. Traía en la mano un sobre con sus registros médicos antiguos, dispuesta a rogarle que se hicieran una prueba de ADN.
Se detuvo en seco.
La imagen frente a ella era una pesadilla vívida. Tyler, el hombre que hace unas h