La casa finalmente se sumergió en esa paz que solo llega cuando las tormentas han pasado. Los niños, agotados de tanto llorar de alegría y de jugar tras el regreso de Amber, se habían quedado profundamente dormidos en sus camas. Amber les había susurrado cuentos hasta que sus respiraciones se volvieron pesadas y rítmicas.
Cuando ella salió de la habitación de los mellizos, Tyler la esperaba en el pasillo, apoyado contra la pared con los brazos cruzados. Su mirada ya no era de fuego salvaje como