El eco de los pasos de Tyler y Amber en el pasillo de mármol parecía anunciar algo sagrado. Los amigos se habían quedado atrás, guardando un silencio respetuoso, mientras Tyler guiaba a Amber hacia la sala de juegos, donde los niños habían estado encerrados en su propio mundo de tristeza y rebeldía durante días.
Antes de abrir la puerta, Tyler se detuvo. Miró a Amber, le acomodó un mechón de cabello rebelde y le dio un beso suave en la frente. Sus ojos grises, antes fríos como el acero, ahora b