El despacho de Tyler parecía el epicentro de un huracán contenido. Los informes financieros estaban esparcidos por el suelo, y un pesado cenicero de cristal había impactado contra la pared, dejando una marca que nadie se atrevería a limpiar. Tyler caminaba de un lado a otro como un león enjaulado, con la corbata deshecha y los ojos inyectados en sangre.
Noah y Dominic estaban sentados en los sofás de cuero, observando a su amigo con una mezcla de lástima y reproche.
—¡Me ha echado del cuarto de