Tyler la tenía acorralada contra la mesa de juegos, su aliento cálido golpeando su mejilla y esa mezcla de rabia y deseo quemando el aire entre ambos. Sus dedos apretaban su brazo con una urgencia que Amber ya conocía, pero esta vez, el fuego en el pecho de ella no era de pasión, sino de una dignidad herida que finalmente había estallado.
Con un movimiento brusco y decidido, Amber puso sus manos sobre el pecho de Tyler y lo empujó con todas sus fuerzas. Él, sorprendido por la firmeza del rechaz