Jules entra a la oficina de Alec con el cuerpo todavía arrastrando la inercia de la noche anterior.
No ha dormido mal, pero tampoco bien. Hay un cansancio distinto, más emocional que físico, como si su mente aún no hubiera decidido en qué lugar colocar todo lo que ocurrió: el jacuzzi, la cercanía, la cama compartida por necesidad… y ese momento exacto, peligroso, en el que se dio cuenta de que Alec no era solo su jefe.
No sabe exactamente qué espera encontrar, pero el nudo en su estómago apare