Un año puede parecer poco tiempo para el mundo.
Pero para ellos, había sido una vida entera.
La luz de la mañana entraba a raudales por los ventanales del estudio, reflejándose en los planos extendidos sobre la gran mesa de trabajo.
Jules se inclinaba sobre uno de ellos con el ceño levemente fruncido, lápiz en mano, concentrada.
Su cabello estaba recogido de manera informal, y llevaba una camiseta vieja de la fundación, manchada de grafito.
Alec la observaba desde el otro lado, apoyado en el