El teléfono de Jules no deja de vibrar sobre la mesita de noche.
El sonido se filtra en su sueño como una molestia lejana, insistente, hasta que termina por arrastrarla de vuelta a la realidad. Se mueve apenas, buscando refugio, hundiendo el rostro contra la almohada, todavía envuelta en el calor del cuerpo de Alec a su lado. Su brazo está pesado sobre su cintura, protector incluso dormido, y por un segundo piensa en ignorarlo todo.
Pero el zumbido no cesa. Al contrario, parece volverse más urg