Salen del helicóptero todavía con la electricidad del momento anterior vibrándoles en la piel.
El ruido de las hélices se disipa poco a poco, pero lo que queda entre ellos no se apaga. Jules aún siente el pulso acelerado, la respiración un poco desordenada, como si el aire le costara más desde que Alec la sostuvo contra él al aterrizar, como si el mundo hubiese quedado suspendido unos segundos demasiado intensos para ser ignorados.
Camina a su lado intentando recuperar la compostura, acomodándo