El interior del edificio es incluso más desolador de lo que Jules había imaginado desde fuera.
El techo muestra grietas profundas que se abren como venas antiguas, algunas vigas están expuestas y el suelo cruje bajo sus pasos, cubierto de polvo, restos de yeso y fragmentos irregulares de lo que alguna vez fueron paredes perfectamente blancas.
Cada pisada levanta un leve eco hueco, como si el lugar respirara con dificultad. La luz entra a través de ventanas rotas, filtrándose en haces irregular