El caos estalla sin aviso.
No hay una señal clara, no hay un momento exacto en el que todo se rompe; simplemente ocurre.
De pronto, el aire se llena de voces superpuestas, de pasos que chocan entre sí, de respiraciones agitadas.
El nombre de Dauphine surge primero como un llamado normal, casi distraído… y en cuestión de segundos se convierte en un grito desesperado.
—Dauphine.
—¿Dauphine?
—¡Dauphine!
El nombre de la niña rebota contra las paredes de la mansión como un eco hueco, se pierde en