Jules llega a la cocina sin saber muy bien cómo llegó hasta ahí.
El trayecto desde la cubierta hasta el interior del yate es un borrón en su memoria.
No recuerda haber bajado las escaleras ni haber cruzado el pasillo estrecho que conduce a la zona del personal.
Sus pies se han movido solos, guiados por una necesidad básica: huir. Alejarse de él. Del dolor. De las palabras que aún le zumban en los oídos.
Cierra la puerta tras de sí con más fuerza de la necesaria.
El golpe seco resuena en el e