(Alec)
La cubierta queda en silencio apenas Jules desaparece por el pasillo. Un silencio denso. Incómodo. Culpable.
Me quedo de pie junto a la mesa, con las manos apoyadas en el respaldo de la silla que ella empujó al levantarse.
Todavía vibra un poco, como si el eco de su rabia siguiera ahí, flotando entre las velas a medio consumir y las copas casi vacías.
Cierro los ojos.
La he echado.
No literalmente, no aún… pero las palabras ya están dichas. Y no hay forma de retirarlas.
Respiro hondo,