(Alec)
La cubierta queda en silencio apenas Jules desaparece por el pasillo. Un silencio denso. Incómodo. Culpable.
Me quedo de pie junto a la mesa, con las manos apoyadas en el respaldo de la silla que ella empujó al levantarse.
Todavía vibra un poco, como si el eco de su rabia siguiera ahí, flotando entre las velas a medio consumir y las copas casi vacías.
Cierro los ojos.
La he echado.
No literalmente, no aún… pero las palabras ya están dichas. Y no hay forma de retirarlas.
Respiro hondo, pero el aire no me llena los pulmones. Me quema. Me raspa por dentro.
Mierda, Alec.
Paso una mano por mi rostro y luego por el cabello, tirando con fuerza, como si el dolor físico pudiera apagar el otro. No funciona. Nunca funciona.
Todo esto es culpa mía. Lo sé desde el momento exacto en que veo su espalda alejarse sin girarse.
Desde el segundo en que no me suplica, no discute más, no intenta quedarse.
Jules no ruega, sino que decide, lo puedo notar por la forma en la que sus hombros se han e