El silencio en la cocina es tan espeso que parece poder tocarse.
Tanto Evan como Jules se quedan congelados, inmóviles, observando a la pequeña figura en la entrada.
Dauphine los mira con los ojos aún pesados por el sueño, el cabello ligeramente despeinado y el pijama arrugado.
Sus manitas aprietan el borde de la camiseta como si necesitara algo a lo que aferrarse.
Jules es la primera en reaccionar.
—Dauphine… —dice con suavidad, obligándose a sonreír—. ¿Qué haces aquí? Se supone que deberías